¿Por qué la Serie del Caribe dura apenas una semana y no se extiende a lo largo del año, como muchas competiciones regionales? ¿Por qué no se agranda en número de equipos o por qué no se inventa otro torneo que cumpla estas caracteristicas?

La respuesta puede estar matizada por muchas variantes, pero en ningún caso se justifica que en un deporte como el Béisbol, con tanta fuerza y calidad en el área, las distintas ligas locales se mantengan desconectadas entre sí por casi 12 meses.

El fútbol, en ese caso, tiene ejemplos positivos, no solo en Europa, su actual epicentro, sino también en América Latina, donde se juega durante toda la temporada, y en paralelo a las ligas nacionales, un evento de tanta potencia como la Copa Libertadores.

Probablemente la respuesta para el béisbol esté en la estricta centralización que mantiene Estados Unidos de este deporte y del peligro que puede significar para su espectáculo el hecho de una competencia caribeña sostenida en la temporada.

Esta quizás no estaría sometida a las mismas reglas que las de la Gran Carpa y le daría al mundo del béisbol un plus hasta ahora no conocido.

Nuestros jugadores podrían conocerse más entre sí y nuestras fanaticadas locales tendrían la posibilidad de ver en sus propios estadios un talento y un tipo de juego que hoy sencillamente no ven o que tienen que ir “cazando” por disímiles televisoras.

Un torneo caribeño largo sin dudas potenciaría la calidad y la visibilidad de las ligas locales en lo deportivo, pero al mismo tiempo podría significar un empuje económico importante, mayor del que ya tiene en varias plazas. De ninguna forma implicaría una pérdida.

En lo inmediato, no le quitaría peloteros a las Grandes Ligas, pues estas tienen un poder simbólico y económico implacable al día de hoy; pero crecería el béisbol en todos sus sentidos hasta puntos ahora mismo insospechados.

Y nuestras gentes lo merecen: estar, ver, querer, gritar… y sentirse como anfitriones de un juego que ya es suyo desde hace mucho tiempo; sentirse y creerse la potencia beisbolera que ya son, pues de esa gente, unas veces más humilde, otras menos, salen los grandes telentos que ganan campeonatos “mundiales” en Estados Unidos y que en los Clásicos Mundiales , estos sí mundiales de verdad, se han llevado ya varias veces el gato al agua a contrapelo de equipos armados con constelaciones de estrellas.

¿Por qué no se hace? ¿Quién o qué no va a permitirlo o no lo permite? ¿Hemos creído nosotros mismos que es posible?

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